Por LUCAS MALASPINA / @thebadthorn publicado en nueva sociedad abril 2018

 

Tras el escándalo de Cambridge Analytica, no fueron pocos los que creyeron ver aproximarse el final de la red social Facebook. Mark Zuckerberg acudió al Congreso de Estados Unidos y, aunque fue puesto en apuros por un buen número de legisladores, parece haber superado varios escollos. Ahora, la compañía asumirá una serie de regulaciones para recuperar la confianza perdida. Pero el llamado «capitalismo de vigilancia» seguirá allí. ¿Es justamente el Congreso de Estados Unidos el más idoneopara criticarlo?

Paseando el «​capitalismo de vigilancia»​ por el Congreso de Estados Unidos

Tras el gigantesco escándalo de Cambridge Analytica, no pocos creyeron ver aproximarse el final de Facebook, acelerado por la necesaria comparecencia ante el parlamento estadounidense. En efecto, la compañía perdió miles de millones de dólares en la bolsa, se vio obligada a modificar políticas de privacidad, suspendió a la consultora CubeYou y hasta reveló que el número de víctimas fue de 87 millones, en vez de los 50 que se habían informado. Una gran cantidad de personalidades convocaron al público a irse de la red social y se esperaba que finalmente los políticos pusieran al CEO contra las cuerdas. Sin embargo, muchos calificaron la visita de Zuckerberg al Congreso como un paseo.

El primer día de la comparecencia, el senador Orrin Hatch, republicano de Utah, consultó a Zuckerberg sobre cómo podían tener un modelo de negocios sustentable si los usuarios no pagaban por abrirse una cuenta en la plataforma. La respuesta fue obvia: «Senador, nosotros publicamos anuncios». Entonces Hatch justificó el asunto al decir que «nada en la vida es gratis», por lo cual sería lógico que «Google y Facebook compartan datos de los usuarios con los anunciantes». Hatch lo sabe bien, porque recibió aportes de campaña de la compañía desde 2014. Además quedó en claro que incluso algunos de los parlamentarios no estaban en tema. Brian Schatz, senador demócrata por Hawai, preguntó si Facebook podía ver los mails que enviaba a través de WhatsApp.

El segundo día hubo un nivel un poco más alto. Otras preguntas, con menor repercusión mediática, fueron más incisivas. Kathy Castor, la senadora demócrata de Florida, entre otros, dejó a Zuckerberg sin palabras cuando insistió en el hecho de que Facebook recoge información de sus usuarios mientras están fuera de su sitio web e incluso de quienes jamás abrieron una cuenta. Se trata de los llamados shadow profiles (perfiles ocultos), término cuya búsqueda se disparó en Google luego de la audiencia.

Facebook es una gran Cambridge Analytica

Sobre este asunto de los shadow profiles, Nate Cardozo, abogado principal de la Electronic Frontier Foundation, explicó que la empresa de Zuckerberg acumula datos de navegación web enviados a Facebook cuando le das «me gusta» a cierto contenido o realizas una compra en una página fuera de la red social. Esto se hace a través de Facebook Connect, una función de inicio de sesión único que permite a los usuarios utilizar sus perfiles de Facebook en otros sitios web.

Pero no es lo único que Facebook usa para recolectar datos fuera de la aplicación. También toma información de las llamadas y mensajes de texto. Facebook aclaró que almacena «solamente» los metadatos de estas comunicaciones, no el contenido real. Esta minimización es engañosa. Los metadatos se refieren a casi todo, excepto lo que usted dice o escribe: la identidad de su contacto, a qué hora los contactó, e incluso su ubicación cuando los contactó.

Cuando se combina con toda la otra información personal y datos de comportamiento disponibles para Facebook, la recolección de metadatos es aún más preocupante. Con esto se han construido perfiles psicológicos como los que Cambridge Analytica reunió para sus propios fines, pero mucho más exhaustivos: en este sentido, Facebook es una gran Cambridge Analytica, y queda desmitificada la frase de que «la gran mayoría de los datos que Facebook conoce sobre usted se debe a que eligió compartirlos», como suele insistir el fundador de la red social.

Solicitudes de amistad en la Cámara de Representantes

Hay que decirlo, no es la primera vez que Facebook se ve obligado a dar explicaciones. El titular que ocupó los periódicos, y que parece haber devuelto algo de crédito a la compañía, fue Zuckerberg reconociendo el «error» y asumiendo la responsabilidad. En un divertido y revelador artículo, The Washington Post reunió las numerosas disculpas de dudosa sinceridad emitidas por el mismo personaje durante una década y media, mientras las prácticas cuestionadas no dejaban de incrementarse.

Al debatirse la influencia rusa en las elecciones presidenciales de EE. UU., altos ejecutivos de Facebook, Google y Twitter habían sido convocados al Congreso, aunque aquella vez, los CEO se salvaron. La magnitud de Cambridge Analytica ha obligado, en cambio, a inscribir el interrogatorio a Zuckerberg en la línea de la estruendosa interpelación a las compañías de tabaco en 1994, cuyas imágenes han nutrido las pantallas hollywoodenses. Pero con una diferencia sustancial.

Los miembros de los comités de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes, y de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado, es decir, los encargados de la interpelación, están entre los legisladores que mayores aportes de campaña recibieron de Facebook. Mientras tanto, la empresa intensifica el lobby a cielo abierto contra proyectos de leyes que restringen la recolección de datos biométricos.

A la luz de esto, no sorprenden declaraciones como la de la senadora demócrata Dianne Feinstein: «Zuckerberg es un joven muy agradable». Roger Wicker y Dan Sullivan, senadores republicanos, cuestionaron la necesidad de una regulación adicional. Otro republicano, Thom Tillis levantó una tableta y señaló la pestaña de «privacidad» de Facebook, culpando a las personas por no revisar adecuadamente su propia configuración. Todos los mencionados recibieron dinero de Facebook para sus campañas. No extrañaría que Zuckerberg haya cosechado muchas solicitudes de amistad entre esta gente.

Mención aparte merece el hecho de que Feinstein y una docena de esos mismos senadores votaron leyes que extendieron el espionaje ejercido por agencias estatales como la NSA. ¿Con qué autoridad podrían cuestionar el «capitalismo de vigilancia»? En el rubro de fondos de campaña, los aportes de Amazon son aún superiores.

La geopolítica como reaseguro de la compañía

Entre los numerosos datos de color que se filtraron en las crónicas periodísticas, como el almohadón utilizado para elevar la estatura de Zuckerberg detrás de la mesa, también aparecieron algunas de las notas que el expositor llevó para guiar su intervención. Más allá de lo que expuso oralmente, se destacaba entre sus apuntes un argumento fundamental: «Romper Facebook fortalecería a las compañías chinas». La competencia con el gigante asiático es uno de los objetivos estratégicos del gobierno de Trump y es compartido, con matices, por todo el establishment norteamericano. Zuckerberg tocó una fibra sensible.

Facebook ha sido la punta de lanza para el dominio estadounidense sobre el ingreso a Internet de una veintena de países emergentes a través del programa Free Basics. Los cuatro grandes que dominan el mercado de Internet en Occidente, GAFA (por Google, Apple, Facebook y Amazon), son capitales de EE. UU. La dimensión geopolítica del asunto, en la que Estados Unidos lleva la delantera por varios cuerpos, no puede ser menospreciada.

Son tiempos en que la fantasiosa idea de una Internet libre y desterritorializada empiezan a verse erosionadas por la evidencia de la realidad. Cualquier pretensión democratizadora de las nuevas tecnologías choca con este obstáculo antes que con cualquier otro. Entre otras declaraciones, Zuckerberg se comprometió a «proteger la integridad de las elecciones en México, Brasil, India, Pakistán y Hungría» a realizarse este año. Se legitima así que los algoritmos de Facebook interfieran políticamente para guardar la democracia y la libertad.

GPDR: Las regulaciones de la Unión Europea

A partir de la adopción del protocolo GDPR (Reglamento General de Protección de Datos, en español), una serie de normativas europeas que entrarán en vigor a partir del 25 de mayo de este año y que obligan a los gigantes de Silicon Valley a adecuar su funcionamiento, algún funcionario gris de la UE intentó vanagloriarse de «liderazgo europeo en materia de (protección de) datos». El analista tecnológico Evgeny Morozov no tardó en enrostrarle que no hay ningún capital europeo entre las principales firmas del mundo. Bajo este punto de vista, las regulaciones impuestas por la Unión Europea se entienden más como parte de una puja política internacional que por la dignidad de sus parlamentarios.

En otro sentido, GPDR es la nueva sigla de moda para relanzar la conquista de mercados a escala mundial por las mismas compañías cuestionadas. De hecho, Zuckerberg se comprometió a aplicar de manera global algunas de esas medidas. El celo del viejo continente por la privacidad es conocido. Tanto Google como Facebook han sufrido multas multimillonarias, en este último caso por la utilización indebida de datos de WhatsApp luego de adquirir la compañía.

Algunos de los elementos principales de este protocolo tienen que ver con la capacidad del usuario de configurar su privacidad («privacidad de diseño»), de descargar los datos almacenados por las compañías o eliminarlos («portabilidad»), mientras que otros están vinculados a las relaciones entre Estados: los datos generados en la Unión Europea deben «ser accesibles» desde allí.

El Parlamento Europeo también ha citado a Zuckerberg para que declare. Pero el punto clave sigue siendo la enorme masa de información que Facebook recoge de forma sigilosa al margen de la que los usuarios deciden compartir activamente. La adopción del protocolo GDPR no tuvo como contraparte siquiera un compromiso verbal de terminar con estas prácticas. Por otra parte, los usuarios europeos que han intentado acceder a su propia información no han dejado de toparse con una enorme maraña de obstáculos.

La impotencia de la política

Al comprometerse a aplicar esta política en todo el mundo, Facebook busca recuperar la confianza perdida. El problema es que muchas de estas disposiciones ya estaban supuestamente en vigencia. Por ejemplo, la potestad de descargar los datos de Facebook. O la de eliminarlos. Pero se ha demostrado que se trata de funciones engañosas. Los datos descargados son prácticamente inutilizables fuera de Facebook. La eliminación de información es aparente. Cuando algunos pocos miembros del Congreso interrogaron a Zuckerberg sobre estas cuestiones, reiteradamente los evadió excusándose en que «alguien de nuestro equipo se contactará para hacerle llegar una respuesta».

Zuckerberg propuso solucionar las llamadas «fallas de seguridad» impulsando los mecanismos de inteligencia artificial, es decir que la «solución» será empoderar aún más a los algoritmos: una simple fuga hacia adelante. Una de las apuestas actuales de la compañía es el reconocimiento facial, lo que potenciará los problemas y riesgos actuales a nivel impensados. Ya algunas empresas de seguridad e inteligencia desarrollaron sistemas de reconocimiento facial usando material de Facebook (y YouTube).

Los cambios en la política de privacidad, incluyendo al GDPR, no ponen en discusión el modelo de negocios de los gigantes GAFA. Hay quien se ha atrevido a llamarlo, elogiosamente, un New Deal de la información. Pero también puede decirse que se trata del mismo extractivismo de datos… con rostro humano.

Zeynep Tufekci, una reconocida investigadora de las tecnologías de la información que usualmente vierte sus opiniones en The New York Times, emitió un duro juicio sobre la comparecencia. «Realmente no necesitamos que Mark Zuckerberg explique los conceptos básicos de Facebook a un grupo de senadores que ni siquiera parecen entender eso. Necesitamos sentarnos y decir: ‘¿Cómo lidiamos con los nuevos recursos comunes de información? ¿Cómo lidiamos con la nueva esfera pública tal como opera?».

El veredicto de los mercados fue concluyente: «Facebook vale 24 mil millones de dólares más después del testimonio de Zuckerberg», tituló la revista Forbes, recuperando la tercera parte de las pérdidas que había sufrido las últimas semanas. Es que la acción subió alrededor de 2.5% casi en el mismo momento en que la audiencia estaba programada para comenzar: fue el mejor día de Facebook en Wall Street después de dos años. Los números positivos para la empresa en un momento que se esperaba fuera crítico para ella parece ser la contracara de la impotencia de la política.